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ANTOLOGÍA DE POETAS ANTITAURINOS   

Con crueldad torturado, y sin premura,
es perseguida tu muerte en la faena.
Observarte humillado, cuánta pena:
Vergüenza nacional tan vil tortura.

Sólo para mí, el campo no es alegre promesa.
Sólo para mí, sus flores no son radiante verbena,
pues los truncados arpones en mi carne harán presa,
y los hierros irán desgarrando mi piel de seda.

Animal maltratado
que cae en el olvido.
Apelo a la paz y a la justicia
para acabar con tan triste escena.

Elevaré mi voz para pedir que se acabe,
que a las cinco se paren los relojes y pueda así
renacer el brillo negro de su mancillada casta.

A ti, astado agonizante,
que amortajado en sangre tiemblas en la arena, sangrando relámpagos tu chispeante corazón apasionado.
A ti que tus amorosos ojos cubrieron de carne,
vida y luz la calavera del mayoral:
Tu inocencia es su astucia.
Tu amor, su guadaña.

Vayan sonriendo muriendo de miedo,
con su banderilla los banderilleros.

Por Ángel Padilla


BIBLIOTECA ANTITAURINA TORO DE HIERRO  

ÍNDICE

-Presentación
-Editorial
-Enrique Núñez:
    Muerte en la arena
    Toro de España
-Rafael Bueno Novoa:
    Toro
-Roberto Príia:
    Fiesta de sangre
-Juan Azpitarte Rousse:
    La fiesta nacional
-Ana Brotons:
    A golpe de acero
-Ángel Padilla:
    A ti, toro amigo


PRESENTACIÓN

He aquí la primera Antología de Poesía Antitaurina de la Biblioteca Antitaurina Toro de Hierro. Una antología viva, porque espero ir nutriéndola con la presencia de nuevos poetas que se sumen a la lucha literario-animalista. En ella aparecen seis grandes poetas de diferentes contextos literarios, pero que tienen en común, sobre la base de un ideal de justicia extrapolable desde el ser humano hacia todos los demás seres sintientes, la repulsa al horror de la tauromaquia y, por ende, la defensa a ultranza de la gran víctima de ésta, el pobre y bello toro; seis vates que comparten el deseo de que tan vil “fiesta” sea abolida cuanto antes y quede relegada a la memoria negra de la historia de este país. Con ese deseo he llevado a cabo esta antología, que va tan a contracorriente como los poetas que la integran, con el deseo de que, agrupados los artistas concienciados con la noble causa animal y ayudando así a los héroes de las sociedades protectoras de animales en su lucha tan adelantada a su tiempo, consigamos construir entre todos un mundo más justo, donde el egocentrismo del ser humano deje de gobernar el mundo desde el bastión de la dignidad animal y, sobre todo, donde la sangrienta barbarie no tenga cabida más que en los museos y bibliotecas y sólo como recordatorio de una época tan insensible y cruel como la que sufrimos hoy en día en España.

Título de la obra: Antología de Poetas Antitaurinos
Impreso en España.
Edita: Toro de Hierro.
Autor: Varios Poetas
Diseño de portada: Mila Montero
Primera Edición: 2002-12-12 (Esta edición ha sido posible gracias al mecenazgo de Sylvie Debecker, directora de la revista Eivlys.)
Editorial Toro de Hierro,
c/ Carcagente, 34, pta. 6
46007 Valencia
Telf: 696002843
Se permite la reproducción total o parcial de esta obra, siempre y cuando se comunique ésta al autor del texto en cuestión.


EDITORIAL

Lector que acercas las redondas ventanas de tu corazón hacia estas vivas líneas por cuya sangre corre a la vez la rabia y la esperanza, has de saber que estás ante un hito histórico en la historia de la literatura. Hasta el presente los poetas, mayoritariamente, se pusieron de parte del espanto de la tauromaquia en detrimento de la belleza de la vida animal. El bardo cantaba a la presunta hombría del torero, al, según el taurómaco, arte de la corrida. En la actualidad y desde hace años, han surgido floridos rugidos aislados de literatos que denuncian con sus vigorosos poemas el intrínseco especismo de la torturomaquia, su total ausencia de arte y, en definitiva, su diáfano crimen, poniendo voz a la sorda agonía de los toros en los ruedos de la humillación, la sangre y la muerte. Pero claro, sus andanadas líricas han sido sistemáticamente silenciadas por los mandarines del chovinismo literario.    Esta antología ofrece las voces de varios poetas seleccionados entre lo mejor de hoy en día en España. Y éste es el hito histórico al que me refería en el arranque de este texto: jamás se había hecho algo así, lector, estás ante el frente poético antitaurino.

El único fin de la presente antología es el de la erradicación de la “Fiesta Nacional” a través de la lucha con la espada del arte literario contra la incultura –o la maldad- de la España negra, y, por extensión, la erradicación de los demás malos tratos a los animales que a diario se perpetran en Guadaña.

La Antología de Poetas Antitaurinos está viva, y como todo ser vivo, crece día a día, mes tras mes. Es decir, que está abierta a nuevas incorporaciones de poetas que, siempre de manera literaria, denuncien el biocidio disfrazado de tradición, la gran ofensa al noble toro.

El último poema de mi libro La guadaña entre las flores, ya anuncia:

Teme a los poetas, Tauromaquia, teme
a aquel capaz de enarbolar palabras cual cuchillos,
frases como espadas.
Teme al torbellino rojo de su genio encendido,
teme a la furia incendiada de la herida herida.

Con los poetas de ayer enterraste cadenas:
Alberti, Lorca, Hernández, todos te elevaron.
Lorca puso la funda rosa a tu guadaña,
Miguel te maquilló junto a Cossío
y Alberti pintó alas en tu espalda.

Pero vuelas tan alto que ya es bajo,
porque el techo del mundo es ya su suelo.

Y la madre poesía soñó nuevos hijos,
poetas que iluminarán tus sombras ¡no!
¡sí! con la mágica magia de su magia;
teme a su ataque, teme, Tauromaquia.

Que aunque Lorca y Alberti te defiendan
desde el azul final allá en el techo frío,
caerán como naipes bajo el torbellino rojo
de la furia incendiada de la herida herida
de los poetas nuevos y sus nuevos genios.

Y sí, la madre poesía soñó nuevos hijos, poetas que combaten la injusticia con la poderosa espada del arte. Triste sino. Triste porque he podido comprobar en carne propia que a los poetas cuya sensibilidad estira sus cuernecitos de caracol hacia los animales no humanos, se nos cierran muchas puertas. Se nos silencia y se nos acusa de que nuestra sensibilidad animalista ensombrece o eclipsa nuestra sensibilidad humanista; y nada más lejos de la realidad. Gran parte de los poetas que integran la presente antología no sólo no son animalistas al cien por cien, sino que son poetas humanistas que han hecho honrosas escapaditas hacia nuestras filas para juntar su espada a la nuestra temporalmente; éste es el bravo caso de Pría, Novoa y Azpitarte. Lo mismo ocurre con los poetas más vinculados al animalismo, como Núñez, Brotóns o yo, que también luchamos por la causa humana. Además, es lógico, quien lucha por la abolición del maltrato animal, está luchando a la vez por la dignidad humana, por un mundo más justo.

Ahora comenzamos a reunir nuestras fuerzas poéticas en esta antología, en este Aquelarre del Bien, en esta fiesta triste de la denuncia, y esperamos que nuevos poetas unan su arte al nuestro en la pacífica pero dura cruzada para la igualdad entre los seres vivos.

El modo de entrar a formar parte de la antología es enviando tus poemas antitaurinos, más una breve biografía literaria, a:

Ángel Padilla, c/ Carcagente, 34, pta. 6
O vía Internet, al buzón de correo:
YW5nZWxwYWRpbGxhQGFuaW1hbGlzdGFzLm9yZw==

Los poemas serán examinados con detenimiento, y serán incluidos en la antología aquellos poetas que, además de luchar contra la tauromaquia, lo hagan literariamente.

Todo esto es por ti, toro amortajado en sangre,
por tu memoria y por la de los demás toros que te precedieron
en tan sangrienta y vergonzante muerte.
Todo esto es por la esperanza de tu sacra estirpe.

Ángel Padilla


ENRIQUE NÚÑEZ

Licenciado en Medicina. Fue, entre otras cosas, presidente de A.D.D.A. de Alicante. En la actualidad es director de Pro Dignidad Humana, y es uno de los adalides más activos de la lucha antitaurina española. Sus libros ¿Humanos?, La cofradía de los sádicos, Poemas del Mal y del Bien, El gran depredador, etc., son auténticas andanadas contra el maltrato animal. De El gran depredador provienen los dos sublimes poemas siguientes.


MUERTE EN LA ARENA

SÓLO para mí la Primavera no es bella,
ni me anuncia que la vida se renueva,
ni que tendré amores..., ni esperanzas, pues en ella,
comienza mi holocausto en las arenas.

Cuando duerme la noche, me auguran las estrellas,
que pronto no volveré a oler la hierbabuena,
pues seré encerrado entre maderos y piedras,
hasta que suene el clarín de la Plaza Nueva.

Sólo para mí, el campo no es alegre promesa
Sólo para mí, sus flores no son radiante verbena,
pues los truncados arpones en mi carne harán presa,
y los hierros irán desgarrando mi piel de seda.

Mientras los hombres, mis hermanos, apagarán sus querellas
aplaudiendo mis despojos, y celebrando una extraña Nochebuena,
en la que mi sangre debe lavar las huellas,
de los demonios que dominan sus vidas internas.

Sólo para mí, dicen, la gloria está en la muerte cruenta.
Sólo para mí, dicen, la tortura es noble y buena.
 Sólo sufriendo yo, dicen, son alegres las fiestas.
Sólo mi cuerpo acribillado, dicen, representa a la España eterna.
 

TORO DE ESPAÑA

VISTE tu luto negro, toro de España,
que ya tus verdugos vistieron el oro-grana.
Olvida tu serranía y caricias de luna plata
que tienen armadas sus manos de espada.

Finge furor en mirada, toro de España,
que necesitan justificar tu matanza.
No pienses en capataces que amas,
cambiaron por dinero el pasto que te daban.

Oculta tu linaje y casta, toro de España,
antes que por arenas te arrastren mulas pardas
y no confundas las amapolas de tus prados
con las caras rojo-vino que llenan las plazas.

Grítales desde tu terrible agonía, toro de España,
que con tu muerte se encanallan,
que no hay gloria, honor y hombría
cuando en cuadrilla burlan y asesinan.

Los que de verdad te amamos, toro de España,
lloramos a las puertas de las mil maestranzas
y pedimos a Dios que no nazcas,
que no merecen tal lujo los que contigo se ensañan.
Enrique Núñez, El gran depredador.


RAFAEL BUENO NOVOA (1957, León)

Director de la revista literaria Aguamarina. Ha participado en varias antologías literarias. Tiene publicados los libros Playa salvaje, Poemas de la sangre, Desde la soledad del agua, etc. Colabora asiduamente con revistas nacionales e internacionales y pertenece a diversas asociaciones culturales. Rafael nos ofrece su personal y redondo poema Toro, en el que se lamenta del bárbaro fin del toro de lidia.


TORO   

TORO, qué valentía, qué bravura...
qué poderío muestras en la arena!
Indómito enfrentado a la condena
que te imponen en sádica cordura.

Con crueldad torturado, y sin premura,
es perseguida tu muerte en la faena.
Observarte humillado, cuánta pena:
Vergüenza nacional tan vil tortura.

Verdugos de colores, con su espada,
desgarran tus entrañas, llamando arte,
a esta viril cultura sanguinaria.

¡Qué lejos de tu dehesa y la manada
poderoso a la muerte has de entregarte
defendiendo tu casta milenaria!

Rafael Bueno Novoa, Poesía Urgente


ROBERTO PRÍA (La Habana, Cuba, 1924)

Maestro Normal por la Escuela Normal de Maestros de La Habana, Doctor en Pedagogía por la Universidad de La Habana y Profesor de Historia de Cuba, entre otras cosas. Después de ser condenado un año y medio a cortar caña por el delito de solicitar la salida del país, en 1969 llega a España como exiliado político y se incorpora como redactor a la editorial Salvat Editores. En la actualidad dedica su tiempo a la literatura como poeta, novelista y conferenciante. Su vigoroso poema Fiesta de sangre ha sido extraído de su libro Poemas Iconoclastas.


FIESTA DE SANGRE
(Soliloquio del toro)

ES bella la tarde, y aún languideciendo,
viste de fiesta: se va a representar
tragicomedia corrida de toros,
reconocida Fiesta Nacional.

El público llena la plaza de toros:
hay hombres, mujeres, jóvenes y viejos,
también hay niños, todos muy ansiosos,
que piden comience gritando a coro.

Por fin las trompetas imponen silencio,
anunciando el comienzo del primer tercio:
el portón se abre para dar salida
a un hermoso toro de color negro.

Después sale un hombre vestido de luces,
que observa al toro desde el burladero;
el público ruge de gozo y contento
al ver al valiente que llaman torero.

Y toro y torero, los protagonistas
del primer acto, que es el primer tercio,
enfrentan sus rostros, para desconcierto,
del hermoso toro de color negro.

- Pero, ¿qué hace este hombre con un trapo rojo
que acerca y retira a mi cara presto?
¿Por qué me provoca con esos saltitos,
con sus medias vueltas y su paseíllo?
¿Por qué se me acerca y vase huidizo,
y hace unos gestos que son tan ridículos?

Por fin el del trapo se va entre aplausos
y ahora se aproxima un hombre a caballo
que viene despacio, pues al noble equino
lo llevan al ruedo con ojos tapados.

Es hombre macizo, parece guerrero,
armado con pica y bien protegido,
que ostenta orgulloso su cómico atuendo,
que más bien parece de fiel escudero.

 - ¡Oh! ¿Por qué me amenaza con su agudo hierro,
que ya hunde en mis carnes sin yo preverlo?
¿Es esto un hombre? ¿Mi buen ganadero?
¿O una nueva especie de homo carnicero?
¡Qué raro es todo esto, yo no lo comprendo!

¿Por qué me han sacado de mi paraíso,
donde yo reinaba, comiendo buen pasto,
rodeado de vacas y siempre follando,
respetado por todos, y por los artistas,
que mi belleza siguen admirando?
¡Qué raro es todo esto, yo no lo comprendo!

Suenan las trompetas, allá en el tendido,
que ordenan doctores del arte taurino,
anunciando a todos el segundo tercio
de aquel espectáculo que llaman divino.

- ¿Y ahora este otro que viene corriendo,
y que me sorprende con largas puntillas,
que clava en mi lomo, sin yo ofenderlo,
y que si me muevo aún más me irritan?
El público grita, el público aplaude,
la extraña osadía de herirme las carnes
con las banderillas que me enfurecen,
pues yo confiado nunca pensaría,
que no respetara mis agudos cuernos
y aquel hombre hiciera tal felonía.
¡Qué raro es todo esto, yo no lo comprendo!

Aunque ya con sangre mi cuerpo cubierto,
el público ruge, loco de contento...

¡Ah, por fin ya creo que voy comprendiendo!
Es sangre que piden, están sedientos,
y mi rica sangre, que da vida al cuerpo,
quisieran beberla, cual del manantial,
que brota de heridas de mis carniceros.
Y en el tendido todos son cristianos,
que no se conforman con beber en copas
la sangre del Cristo que adoran tanto.

De nuevo trompetas imponen silencio,
anunciando ahora el último tercio,
que protagoniza el hombre de luces,
el hombre valiente, que llaman torero.

 Y con el torero llega al fin la muerte,
que lleva en la espada y esconde en el trapo,
para que aquel bravo y hermoso astado,
tiña con su sangre la tarde en que muere.

  - ¿Y ahora qué pretende con nuevas piruetas
de la que se asiste con su rojo trapo?
Parece burlarse de mi estado exhausto,
y cómplice el público le regala aplausos.

 ¡Ah, ahora ya comprendo por qué todo esto!
El por qué me han traído y por qué me han criado,
no para que fuese un gran semental.
Me criaron fuerte, me criaron fiero,
que fuera agresivo con el personal,
y a mis puntiagudos y fuertes cuernos,
afilaron sus puntas, cual si dos puñales,
que hieren o matan como un criminal.
Y al pueblo entretienen, como los romanos,
con pan y con circo, para aborregarlo,
y así no luchar por derechos humanos.

 ¡Oh, qué tarde al fin lo comprendo,
cuando ya sin sangre me siento deshecho,
tras las banderillas y pica de hierro,
y la gritería de un público zafio!

 ¡Ah, torero, picador, banderillero!
¡Si fuerais tan valientes por qué no vais
a mi hermoso campo donde estoy entero!

 Vayan allí a hundirme su agudo hierro,
y vayan sin caballos con ojos cubiertos.

Vayan sonriendo muriendo de miedo,
con su banderilla los banderilleros.

 Y que vaya el torero con su acero enhiesto,
y su trapo rojo, de engaños cubierto.

 Que vaya a mis tierras, allí donde reino,
rodeado de vacas, follando contento.

 Que vaya a provocarme con sus paseíllos,
con sus payasadas y vistoso atuendo.

 Que saque allí su espada, no le tengo miedo,
luchemos de frente en campo descubierto.

 Yo no tengo espada, sólo tengo cuernos,
vamos a luchar como dos guerreros.

 Que vaya solito, que allí yo lo espero,
que vaya sin fans, que gritan histéricos.

 Que vaya el torero, que es matador,
 a ver si me mata, si tiene valor.

  Aquí él me mata, con reglas injustas,
que dictan doctores de la tauromaquia.

 Y además le premian con oreja y rabo,
y como héroe que triunfó en la guerra,
por la puerta grande le sacan en brazos.

 ¡Que vaya, que vaya solito el bravo torero,
allí a mis tierras donde yo lo espero,
a ver si tiene de verdad cojones,
y acepta sin miedo mi reto sincero!

 Roberto Pría, Poemas Iconoclastas


JUAN AZPITARTE ROUSSE  (Bilbao, 1959)

Filósofo, Teólogo, Grafólogo, Diplomado en Guitarra. Presidente del Colectivo Artístico Gerekiz desde 1981. Es director de la revista Miscelánea, etc. Ha publicado más de cincuenta libros y ha colaborado en un centenar de Antologías. Su obra literaria ha sido traducida al inglés, francés, italiano y portugués. Ha colaborado en editoriales tales como Ediciones Mensajero, Editorial CLA, Editorial Amarantos, etc. En su contundente poema La fiesta nacional,  Juan muestra su claro rechazo hacia el maltrato animal.

 
LA FIESTA NACIONAL

TORO de lidia que abatido
derrama sangre por el camino.
Espectáculo innoble
y asesino.

Animal maltratado
que cae en el olvido.

Apelo a la paz y a la justicia
para acabar con tan triste escena.

En la plaza agonizas
y asfixias,
caes sin doblez
mientras el público goza
con el sufrimiento.

¡Triste ser el hombre
que disfruta con el dolor ajeno!

Al final, todo acaba.
Llega el silente
aroma de la muerte.

Juan Azpitarte Rousse “Gerekiz”,
Editorial Artística Gerekiz


ANA BROTÓNS

Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Alicante. En la actualidad trabaja como profesora de Secundaria en un Instituto de Enseñanza Media. Desde hace años escribe poemas, inspirados en el maltrato animal, que se utilizan en las campañas animalistas de Pro Dignidad Humana. Desde 1.993, año en que se creó la Asociación Pro Dignidad Humana, es Vocal muy activa de la Junta Directiva. Anteriormente colaboró en la delegación de Alicante de A.D.D.A., bajo la presidencia de D. Enrique Núñez. Ana nos cede su estremecedor poema A golpes de acero, en el que llora poéticamente por la gran víctima de la tauromaquia.


A GOLPES DE ACERO

NO olvidaré el dolor
ni la sangre unida a su sufrimiento
ni lo cobarde de una espada que se esconde bajo un capote
ni lo despiadado de una muerte cruel, lenta, agonizante...

Elevaré mi voz para pedir que se acabe,
que a las cinco se paren los relojes
y pueda así renacer el brillo negro de su mancillada casta.

¡Pobre toro tan manido! Si nos acercásemos a ti
guiados por los auténticos compases del corazón,
sabríamos de lo infame de tu dolor,
de lo macabro del hombre que hace humillarse, postrarse ante él,
a un animal por su mano malherido.

No es suficiente su sangre, su angustia,
se necesita recrearse en su muerte,
arrancarle sus miembros, arrastrarle por la arena,
profanar su despedazado cuerpo cuando todavía se oyen sus estertores.

Grabaré en mí tu cuerpo altivo,
tu imagen agonizante aferrada a un hálito de vida,
aun sabiendo que no habrá nada digno ni humano en sus lances.

Te veré velado por las lágrimas que los aplausos arranquen de mi rostro
y volará mi alma para acariciar tu último aliento
cuando tú ya sólo esperes del hombre, la clemencia de la muerte.

Se apagaron las voces, vuelve el rumor del silencio,
se abre el cielo clamando por tu dolor y miles de lamentos.
¿Quién podrá borrar de la arena la huella de la infamia que dejaron tantas tardes?   

Nadie, mientras sigamos dirigiendo en inocentes nuestras culpas.

 Ana Brotóns, Pro Dignidad Humana


ÁNGEL PADILLA (Valencia, 1970)

Escritor y Poeta, tiene escritos más de treinta libros de poemas, ensayo y cuentos... De ellos, tiene publicados, entre otros, La guadaña entre las flores  (Edit. Corona del Sur) y el poemario Elegía a la vida (Edit. Gerekiz). Por separado, ha publicado infinidad de poemas, relatos y artículos en varios libros y revistas literarias y animalistas de todo el país, y parte de su obra ha sido incluida en múltiples antologías literarias. Actualmente dedica gran parte de su producción literaria a la denuncia del maltrato animal.


A TI, TORO AMIGO

       A Ti, toro de dehesa,
de cuernos azules, piel verde y pezuñas marrones.
A ti que cada alba te acerca a tu condena:
     Tu dehesa es la última cena del condenado
     a muerte. Tu vida te es ajena.

       A ti, astado sensitivo,
que con tu verde lengua lames el aire azul
creyéndolo ascensión de la marisma. Que aspiras
la colorida luz de las nutritivas flores. Que
ante el incendio del amanecer tiemblas:
     Tu fragilidad es su armadura.
     Tu liberación, mi bandera.

       A ti, toro estigmatizado,
que da a luz la España criminal en la cárcel de la dehesa.
A ti, arco iris cuya maravilla engulle la noche:
     Tus guardianes vendieron tu fuego
     a la ceniza. Tu país pidió tu cabeza.

      A ti, astado agonizante,
que amortajado en sangre tiemblas en la arena,
sangrando relámpagos tu chispeante corazón apasionado.
A ti que tus amorosos ojos cubrieron de carne,
vida y luz la calavera del mayoral:
     Tu inocencia es su astucia.
     Tu amor, su guadaña.

      A ti, toro de España,
que cada tarde mueres en el exangüe corazón de tu cuna,
asesinado por una barbarie sin ventanas
de un grotesco país que por tal odia la belleza.
A ti te dedico mi combate lírico. Quiero
que, desde tu agonía, sepas:
      Tu denuncia está en mi pluma.
      Tu grito en mi voz.
      Tus patas en mis piernas.
      Y tu amor en mi amor.

Ángel Padilla, La guadaña entre las flores

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