ASANDA alerta del error estratégico de promover la tauromaquia y la caza como atractivos turísticos
Andalucía había iniciado en los últimos años una transformación relevante en su estrategia de promoción turística, orientada a competir en el mercado global de destinos con un lenguaje contemporáneo, emocional y alineado con las expectativas del viajero actual. Campañas como The Surrender proyectaban una imagen moderna de la comunidad basada en la experiencia cultural, el paisaje, la creatividad y el estilo de vida, sin recurrir a referencias a la tauromaquia, la caza o la pesca.
El reciente acuerdo de gobierno entre el Partido Popular y Vox supone un giro regresivo en esta estrategia. En dicho documento, la única medida específicamente vinculada al turismo consiste en promocionar la tauromaquia, la caza y la pesca como atractivos turísticos dentro de la estrategia de desarrollo y promoción económica, sin mención alguna a la visión moderna y global que venía construyéndose.
Desde Asanda consideramos que esta decisión carece de base empírica, ignora los indicadores oficiales y responde a una lógica ideológica, no turística.
Tauromaquia: ausencia de demanda social y valor turístico marginal
Los datos oficiales muestran que la tauromaquia no constituye un producto cultural ni turístico con demanda significativa:
- Menos del 8 % de la población asistió a algún festejo taurino en el último año, y la asistencia a corridas de toros se sitúa por debajo del 6 %.
- Más del 68 % de la ciudadanía declara un interés nulo o muy bajo por la tauromaquia.
- Estudios demoscópicos recientes indican que más de tres cuartas partes de la población consideran éticamente inaceptable el uso de animales en este tipo de espectáculos, con un rechazo especialmente elevado entre jóvenes y personas con estudios superiores.
Desde el punto de vista del marketing de destinos, promocionar un producto cultural minoritario y socialmente controvertido supone un riesgo reputacional, no una ventaja competitiva.
Caza: el “turismo cinegético” y los límites de su justificación económica
Con frecuencia se intenta justificar la inclusión de la caza como atractivo turístico apelando al denominado “turismo cinegético” y a su supuesto impacto económico. La principal fuente que se invoca para sostener estas cifras es el Estudio de impacto económico, social y ambiental de la caza publicado por la Fundación Artemisan. Se trata de una entidad privada cuyo patronato y colaboradores están integrados mayoritariamente por organizaciones, federaciones y actores directamente vinculados al sector cinegético, y cuya misión institucional es defender y promover la actividad de la caza como social y económicamente beneficiosa.
Aunque el estudio presenta estimaciones agregadas de impacto económico y empleo, la fundación no publica de forma completa los datos primarios utilizados, ni un desglose plenamente transparente de la financiación ni de los supuestos metodológicos que permitan una verificación independiente de sus conclusiones. Esta falta de transparencia, unida al evidente conflicto de interés estructural, impide considerar dicho informe como una base neutral y suficiente para diseñar políticas públicas de turismo, especialmente cuando existen evidencias del elevado rechazo social a la caza recreativa y de su conflictividad con otros usos turísticos del territorio.
Además, múltiples estudios de desarrollo rural advierten de que la actividad cinegética entra en conflicto directo con el turismo de naturaleza, al implicar cierres de caminos públicos, restricciones de acceso, contaminación acústica y percepción de inseguridad, factores que disuaden al senderismo, al cicloturismo y a la observación de fauna, segmentos en claro crecimiento y mejor alineados con las tendencias internacionales.
Pesca: el impacto turístico real procede de la pesca sin muerte
La inclusión de la pesca en el mismo bloque promocional que la tauromaquia y la caza resulta igualmente imprecisa desde el punto de vista técnico. El mayor impacto económico del turismo vinculado a la pesca no procede de la pesca extractiva o letal, sino de la pesca deportiva sin muerte, tanto en destinos de interior como de costa.
Este modelo genera un impacto directo y sostenido en:
- alojamiento rural y costero,
- restauración local,
- guías y escuelas especializadas,
- comercio de material deportivo,
- actividades formativas y eventos.
Aceptación social y cambio de paradigma ético
El rechazo social hacia la pesca es significativamente menor que en el caso de la caza o la tauromaquia debido a un cambio profundo de paradigma dentro del propio colectivo de pescadores:
- Sostenibilidad y ética: la inmensa mayoría de los torneos oficiales y una parte creciente del turismo de pesca practican obligatoriamente la captura y suelta, devolviendo el pez vivo al agua tras su captura.
- Reducción del impacto animal: este modelo minimiza el daño y diluye gran parte de la presión social asociada a las actividades extractivas o letales.
- Compatibilidad turística: la pesca sin muerte es plenamente compatible con el ecoturismo, la conservación de los ecosistemas y la imagen de destino sostenible que demandan los viajeros actuales.
Un error de posicionamiento para Andalucía
ASANDA considera especialmente significativo que campañas como The Surrender evitaran deliberadamente cualquier referencia a la tauromaquia o la caza, precisamente porque sus responsables comprendían su potencial efecto negativo sobre la imagen internacional de Andalucía.
Volver ahora a promocionar estas actividades como atractivos turísticos supone ignorar los datos oficiales, desoír las tendencias del mercado y debilitar el posicionamiento de Andalucía como destino moderno, competitivo y alineado con los valores del siglo XXI.
El turismo del futuro se construye con coherencia, transparencia y sostenibilidad,
no con modelos obsoletos ni con actividades socialmente cuestionadas.









