La «barbaridad» del campus de toreo para niños en Sevilla
Sevilla — La Asociación Andaluza para la Defensa de los Animales (ASANDA) ha expresado su más firme rechazo ante la reciente presentación pública de la programación del "Campus de Toreo para Niños Sevilla 2026", organizado por el Club de Aficionados Prácticos Taurinos. La organización califica como una "auténtica barbaridad" el hecho de que se sigan promoviendo este tipo de talleres dirigidos expresamente al público infantil.
El evento, programado para llevarse a cabo entre finales de junio y principios de julio, contempla que menores de edad realicen entrenamientos técnicos en espacios como la Plaza de Toros de la Real Maestranza, así como jornadas prácticas de capote, muleta y banderillas con la lidia y el "tentadero de becerras" en distintas fincas ganaderas de la provincia.
Para ASANDA, la realización de este tipo de campus infantiles vulnera frontalmente los principios fundamentales de protección de la infancia. La asociación recuerda que las advertencias internacionales son muy claras al respecto. En sus Observaciones Finales sobre los informes periódicos de España, el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instó formalmente al Estado de la siguiente manera:
«Para prevenir los efectos nocivos de la violencia de la tauromaquia en los niños, el Comité recomienda que el Estado parte prohíba la participación de niños menores de 18 años como toreros y espectadores en eventos taurinos».
Asimismo, el organismo internacional instó explícitamente a tomar medidas respecto a la formación de los menores de edad en el ámbito taurino:
«El Comité urge al Estado parte a que adopte las medidas legislativas y administrativas necesarias para prohibir la participación de menores de 18 años en escuelas de tauromaquia y actividades conexas, de conformidad con los principios del interés superior del niño».
El reiterado incumplimiento del Estado español
ASANDA subraya que, a pesar de que el Comité de la ONU ha vuelto a insistir e incorporar estas advertencias en sus evaluaciones periódicas a España debido a la flagrante inacción política, el Estado sigue sin dar cumplimiento real a la recomendación. En los sucesivos exámenes e informes de seguimiento, los organismos y colectivos de defensa de la infancia han evidenciado que España arrastra este incumplimiento debido a la falta de una legislación estatal unificada que prohíba de forma tajante el acceso y formación de menores en la tauromaquia.
Al no existir una normativa estatal vinculante, la protección de los menores queda fragmentada y desamparada a merced de las regulaciones de las distintas Comunidades Autónomas. Esta transferencia competencial provoca que, en la práctica, la gran mayoría de las regiones sigan permitiendo e incluso subvencionando con dinero público escuelas taurinas, becerradas y campamentos de verano para niños a partir de edades muy tempranas, desoyendo los dictámenes del tratado internacional que España ratificó. El Comité ha sido directo al recordar que el derecho de las familias a elegir las actividades recreativas de sus hijos no es absoluto si estas suponen una exposición directa a prácticas de violencia reconocida que dañan su madurez emocional y psíquica.
«Es incomprensible y doloroso que se sigan ofertando campamentos de verano que educan a los niños en la normalización de la violencia y el sufrimiento de un ser vivo, disfrazándolo de actividad de ocio o formativa», declaran portavoces de la asociación. «Exponer a la infancia a los fundamentos de la tauromaquia e inducirlos a participar de forma activa en tentaderos contradice el sentido común pedagógico y todas las advertencias internacionales de los organismos de protección del menor que constan en estas resoluciones».
Por todo ello, ASANDA hace un llamamiento urgente a las administraciones públicas competentes, a la fiscalía de menores y al Gobierno central para que asuman sus responsabilidades internacionales, unifiquen criterios legales y dejen de respaldar y amparar institucionalmente iniciativas que contradicen frontalmente las directrices globales de la ONU destinadas al fomento de la empatía y la no violencia en la educación infantil.









