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La evolución humana. Opinión. Víctor Andrés García-Belaúnde Velarde.

archivado en:
Web Universidad del Pacífico, 23 septiembre 2008.
La “evolución humana” Por Víctor Andrés García-Belaúnde Velarde.

Desde la aparición de los primeros sabios y filósofos, el hombre se ha preocupado por diferenciarse del resto del reino animal. Los griegos pensaban que provenían de los θεοί, los cristianos habían sido creados a imagen y semejanza de Yahvé y, sin ir muy lejos, los incas consideraban que eran hijos del mismo Inti y que surgieron del lago Titicaca. En el mundo moderno existen personas que mantienen la creencia de un alma inmortal, exclusivamente humana. Bajo este punto de vista, los animales son mecanismos complejos, aun más complejos que los relojes de bolsillo o las computadoras, pero desalmados, incapaces de ser libres, compasivos, dignos, empáticos, morales y todo lo que algunos meten en el gran saco de la conciencia. El hombre, con su poderosa conciencia, se ha independizado de la naturaleza, bajó del árbol y poco después de caminar erguido comenzó a hablar, escribir, construir ciudades y viajar al espacio.

Durante milenios nos ubicamos en el centro del cosmos. Poco caso se le hizo a los escritos de los jónicos como Demócrito (460-370 a. C.), que describe el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, para luego especular sobre otros planetas con vida en distintos estadios de evolución, seguramente muy distinta de la nuestra, con otros soles en un cosmos inmenso y dinámico. Pero no, el hombre y sus herramientas tenían que estar en el centro, provenir de los dioses o poseer cualidades únicas e irrepetibles, para diferenciarse de todo lo que consideró salvaje, bárbaro y animal. La incapacidad de dejar de mirarse el ombligo atrasó el avance de la ciencia por siglos, los escritos de los jónicos se perdieron casi en su totalidad, solo prevalecieron los que ensalzaban al hombre y minimizaban al animal. El fanatismo religioso, la ignorancia, el aislamiento y la confianza ciega en la razón frenaron el desarrollo científico por dos mil años, hasta la llegada del Renacimiento. La tolerancia dio paso a la experimentación. Galileo y Copérnico nos volvieron a sacar del centro del universo, algo que no sucedía desde los jónicos, ahora estábamos flotando en algún lugar del espacio vacío. Darwin nos emparentó con los animales, los monos pasaron a ser nuestros primos hermanos. Freud acabó con la confianza absoluta en la conciencia, en la razón griega, ahora lo que nos mueve son los instintos, al igual que los animales. Se pasó del nomadismo al sedentarismo, del campo a la ciudad, del truque a la moneda, del mercantilismo al capitalismo y, cuando el sistema capitalista parecía ser la respuesta definitiva a los problemas económicos de la humanidad, Marx abre la caja de Pandora, descubre sus injusticias y plantea una utopía.

A partir de este punto, es conveniente plantearnos la pregunta: ¿Qué nos diferencia realmente de los animales? (a) Unos dirán que es el lenguaje, la destreza en el manejo de símbolos para transmitir mensajes complejos. (b) Otros pensarán que son las herramientas que nos permiten someter a la naturaleza, la tecnología, para dominar nuestro entorno y la capacidad para transmitir ese conocimiento de generación en generación, es decir, la cultura. (c) Por último, están los amantes de la conciencia, la capacidad de percatarnos de nuestra existencia y distinguirla de la existencia de los demás.

Vayamos por partes. (a) ¿Existe realmente el lenguaje animal? Los simios no pueden reproducir vocales porque tienen la laringe muy pequeña. Por eso, para suplir esta limitación, Savage-Rumbaugh ha diseñado un teclado para simios que contiene 400 símbolos. Plantea que si les hablas a los simios señalando los símbolos, ellos aprenden a comprender el lenguaje de la misma manera que hablamos entre nosotros .

Con todo, los científicos creen que los simios son capaces de aprender todo lo que puede aprender un niño de cuatro años. La inteligencia de los simios es muy parecida a la inteligencia humana en las áreas de comunicación, interacción social y emoción . El estudio en primates ha avanzado tanto que algunos gorilas ya se han comenzado a comunicar por teléfono .

(b) Desde los años 1960, se sabe que los chimpancés son capaces de fabricar herramientas, perfeccionarlas y transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones. ¿Quiere decir entonces que tienen cultura? Se han identificado alrededor de 200 herramientas de piedra y madera hechas por chimpancés, desde la clásica para extraer termitas hasta la fabricación de lanzas especialmente diseñadas para cazar mamíferos más pequeños. Los 22 avistamientos de escenas de caza con lanzas en Senegal proporcionan una buena evidencia . ¿Quién entonces fue el primer homo habilis? La historia tendrá que reescribirse, una vez más.

(c) Finalmente, tenemos a la conciencia. ¿Cómo podemos medirla en especies subhumanas sin la ayuda del lenguaje hablando? Uno de los esfuerzos más concienzudos fue ideado en 1970 por Gordon Gallup Jr., mediante la prueba del espejo para evaluar el autopercatamiento. La prueba mide si los animales pueden identificar su propio reflejo en el espejo. Esto se hace pintando dos manchas en el cuerpo del animal, una en un lugar que pueda ver directamente (esta es la mancha de control) y otra que solo podrá observar con la ayuda del espejo. Los animales que pasan la prueba del espejo ignoran la mancha visible directamente y utilizan el espejo para examinar la otra mancha. Todos los grandes simios pasan la prueba (humanos, bonobos, chimpancés, orangutanes y gorilas), delfines nariz de botella, elefantes, ratas, pulpos y macacos. Los humanos tienden a desaprobar hasta que tiene dos años. Por el contrario, los perros, los gatos y los niños de un año suelen reaccionar ante el espejo con temor o curiosidad, o simplemente lo ignoran, mientras que los pájaros atacan su propio reflejo .

Luego de bajarnos del altar, podemos comenzar a ver las cosas en perspectiva y analizar la evolución humana desde el principio, hace unos 15 mil millones de años. Todo empezó con la mayor de las explosiones jamás conocidas que creó el tiempo y el espacio. De la radiación a los protones, de los protones a los átomos, de los átomos a las moléculas, de las moléculas (como el ADN, la molécula más larga de todas) a las células, de las células a los organismos multicelulas, del pez al anfibio, del anfibio al reptil y del reptil, finalmente, al mamífero. La historia de los antropoides es brevísima. ¿Qué pasaría si desaparece el tan amado hombre racional? Evolucionaría otro ser racional tan rápidamente como apareció el primero, salvo que la tierra sea partida por un meteorito o caiga en un agujero negro. El Sol es aún joven, le quedan unos 5,5 billones de años de vida antes de convertirse en una enana blanca, por lo que podrían existir varias líneas evolutivas desde los organismos unicelulares a la conciencia. Quién sabe, puede que la película El planeta de los simios (1968), basada en la novela de Boulle, no sea tan descabellada después de todo.






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